Ya se apagan las farolas

Tratándose de ella, él no lo puede controlar. Dice que es como una gata, siempre desafiante, siempre independiente, a veces cariñosa, a veces fiera. Que va y viene, sin avisar, sin preguntar. Intenta evitarla, se promete ser un hombre bueno, un hombre fiel. Pero si ella aparece, no lo será. Ella es una provocación. Y ella le dijo que no se enamorase. Hoy piensa en sus ojos y le dan escalofríos. Prefiere el recuerdo de sus manos que agarrar las de quien lleva al lado. Ojalá y a quien viera cada mañana fuera a ella. Ojalá y a quien abrazara por las noches fuera a ella. Pero ella ya ha desaparecido, él no le hizo caso.

 

 

 

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